La importancia de conocer tus dones

Actualizado: 6 abr 2021


Nymphaea Rosea by teundenouden

Los dones, si… a veces imperceptibles, siempre están ahí, aunque parezcan meras fantasías caricaturescas, realmente existen. Quizás no sean exactamente como los imaginamos o quizás no tenemos realmente idea de cómo funcionan. Yo misma desde muy chica me preguntaba cuáles eran esos dones. Recuerdo que a cierta edad acompañaba a mi mamá a consultas a domicilio y normalmente eran pacientes ancianos, me acuerdo que la pasaba muy bien con ellos, había algo que me hacía sentir bien y ellos también se sentían contentos.

Si soy sincera la pasaba mucho mejor con ellos que con mis amigos jeje, supongo porque era uno de mis dones, mis papas entonces como veían esa vocación(palabra fundamental) en mí, se imaginaban a su hija siendo geriatra o algo por el estilo, fue algo que yo también acepte, no solo porque era algo que a mis papas les agradaba, sino porque a mí también me gustaba y sentía esa especie de vocación. Debo aclarar que era muy chica y aún no comprendía bien el funcionamiento del mundo y mucho menos sabía lo que era realmente tener vocación por algo. Así que les pregunte a mis papas que significaba tener una vocación y ellos me explicaron que iba más allá de algo que te gustara, era más bien un llamado a una profesión o acción que me llenara tanto, de modo que lo iba a disfrutar muchísimo y aquellos que vinieran a mí por esa razón iban a ser afortunados, porque todo iba a ser desde el corazón y no solo por el mero hecho de hacer las cosas.

Sabemos que no es lo mismo que algo nos guste a realmente sentir el llamado hacia alguna profesión o actividad que se nos hace fácil, nos gusta y nos llena literalmente el alma.


Va mucho más allá del dinero o el éxito, es el llamado y todos, absolutamente todos venimos con ello.

Aunque podría parecer obvio cual es nuestro don, a veces nos hundimos en aquello que culturalmente es aceptable. Los dones se manifiestan una y otra vez, jamás cesan, aquello que es tu don, capaz sea invisible a tus ojos, pero nunca cesara hasta que lo veas.

Son una herramienta, entes por sí mismos, parte del universo, así como nosotros. Son asignados y son de ayuda para nosotros y los demás. Así como hay estrellas, hay dones, de diferentes formas y naturalezas, pero todos son para el servicio del universo y aquellos que tengan la fortuna de encontrarlos sabrán que es para el bien de todos.


Y si bien nos ayudan de manera extraordinaria a nosotros mismos en nuestro camino, son principalmente para el colectivo y por eso es tan importante conocerlos y darles la oportunidad de operar.

Los dones una vez me dijo una angelita, tienen que ser respetados como las personas, si no crees en tus dones, es como no creer en alguien muy querido, es cerrarle la puerta y no dejarles existir. Actúan de manera que tú no tienes autoridad sobre ellos, simplemente están ahí y del mismo modo que ellos son una herramienta de la energía divina, tú eres la herramienta en la que ellos se manifiestan. Tú eres el canal para esos dones, el don es puro y viene directamente de la divinidad, por lo tanto, nadie tiene control sobre ellos. Lo único que se tiene que hacer es permitirles salir, relucir y hacer su trabajo, sin esa necesidad de dominar que tenemos en general los humanos.


Ahora te contaré un poco sobre el camino en el que mis dones decidieron manifestarse.


Como te decía antes, de pequeña me encantaba estar gente que por alguna razón estaba cerca de pasar al otro lado, muy ancianos o enfermos, platicaba con ellos y me sentía llena y contenta. Por afuera claro, no faltaban los que pensaban que era un poco fuera de lo normal, incluso algo extraño.

Después de tener muchas perdidas por esta misma razón y gracias a que más grande tuve otro tipo de vida social, me empezó a interesar la música, así que le pedí a mi papá una guitarra eléctrica, pero la verdad es que me di cuenta que me gustaba más escucharla, que tocarla… así que decidí no seguir por ahí. Más adelante descubrí que me gustaban las manualidades entonces me inscribí a clases de cerámica y pintura. La cerámica la deje y me quede con la pintura. Por los mismos tiempos vi que tenía una fascinación por la fotografía, entonces empecé a tomar fotos, esa actividad al igual que la pintura nunca desistieron y se quedaron conmigo, lo malo fue que puse demasiadas presiones sobre mí y me fui bloqueando creativamente.

Amaba escribir, pero escribir para mí era algo prohibido y secreto, mi hermana once años más grande que yo, también pintaba y escribía; por cierto, aún escribe MUY BIEN, incluso tiene un libro 📖. Muy admirada por ese don, yo por otro lado me comparaba demasiado, no de manera consciente, pero si afecto el hecho de que decidiera mejor dedicarme a la fotografía, algo propio, pensaba. Y si, amo la fotografía, de hecho, terminé siendo fotógrafa profesional. Pero observé que me fui más por ese lado porque no quería la comparación y cuando llegó el momento de elegir una carrera profesional, inconscientemente escogí una en la que se escribe mucho, antropología social.

Más adelante vi que sí, aunque uno de mis muchos gustos se encontraba en el campo de las ciencias sociales, lo que realmente quería, era eso, simplemente escribir. Disfrutaba mucho mi carrera, por el hecho de que tenía una plataforma para expresar ese deseo que yo misma me había prohibido por miedo a la crítica y comparación.


Me di cuenta en esa carrera que era una verdadera pasión y por suerte tuve uno que otro ensayo publicado. Mientras estaba en la carrera llego un punto en el que mi creatividad para escribir se veía limitada por el formato científico y ahí me empecé a cansar y me dejo de gustar, me imaginaba a futuro y definitivamente algo no me hacía sentir tranquila. Decidí dejar la universidad justo antes de empezar a escribir mi tesis y dos maestros y una compañera hicieron el mismo comentario “no dejes de escribir”. La verdad que se me quedo en la cabeza, pero estaba tan cansada y harta de escribir tanto de forma “científica” que cuando me salí, lo menos que quería hacer era escribir y claro, no estaba consciente de que podía escribir lo que fuera. Pero no quería dejar salir eso a relucir o darle su lugar.

Seguí mi instinto con la fotografía, algo que también he amado desde que lo conocí y entonces obtuve mi título como fotógrafa profesional. Pero vaya, vaya jeje, nuevamente no era algo que me llenara y claro que lo disfruto, pero no de la misma manera en la que disfrutaba aconsejar, acompañar y expresarme de manera escrita.

De nuevo, me sentía en una encrucijada, ahora si en una edad en la que todos mis ex compañeros estaban graduándose y buscando trabajo. Yo, nuevamente me veo en el dilema de que es lo quiero hacer realmente con mi vida, ja. Mis dones claro, siempre manifestándose, pero por culpa del miedo a sentirme comparada y juzgada al no cumplir las expectativas que yo misma me cree, no los escuchaba con claridad.

Bueno, para no hacértela más larga, unos años después vi que uno de mis verdaderos llamados era escribir, ver (que se manifestaba con la fotografía) más allá de lo que otros ven y acompañar.


Como he contado en otras entradas, lo que disparo mis verdaderos llamados fue el buscarme, fui a terapia y empecé a sanar mi lado materno y bum, todo partió desde ahí.


Ahí me di cuenta que siempre estuvo ahí, siempre lo sentí, lo veía por momentos, pero los filtros que yo permití ponerme, dictaron lo que “tenia” que ver y hacer.

Decidí entonces que iba a escribir, aunque pensara que era “mala”, y decidí que iba pintar, aunque fuera “feo”. Me admití a mí misma que en efecto en mi estaba el don de acompañar y ver, así que le di la oportunidad y practiqué. No fue fácil, porque siempre tuve el miedo de ser yo misma, todos lo tenemos, pero pensé que, si lo hacía a modo informal de juego, probando, no iba a sentir la misma presión que si lo decidía de manera formal y rígida, como decidí todo lo demás. Una cosa llevo a la otra y hoy estoy aquí, haciendo lo que siempre habría querido hacer.

Aunque el camino a veces parece largo si tu búsqueda va por ahí, tus dones y tú eventualmente se van a encontrar. Hoy veo que, si no hubiera estudiado antropología social todos esos años, tal vez no tendría ciertas perspectivas del mundo que me ayudan en este trabajo y probablemente tampoco hubiera descubierto que escribir era una verdadera pasión y que no era “tan mala” como pensaba. Me probé a mí misma, si así lo quieres ver.